Viendo y escuchando con la mayor atención posible uno de mis programas favoritos un domingo por la mañana, como siempre quedo impresionadísima con la diversidad de personas que veo frente a mis ojos, lo mucho que sabe el entrevistador (por sus intervenciones) y la singularidad de todos sus invitados, no sólo por el manejo acabado de lo que hablan, sino por la convicción y claridad de sus ideas (en lo personal me cuesta un poco eso de tener claridad en lo que digo…), todo esto acompañado por un exquisito lenguaje corporal que ambas partes acogen con ceremonial respeto.
Sin ir más lejos, este domingo 17 de septiembre, los invitados fueron un filósofo-ecólogo (que en mi ignorancia no encontré extraño…la ciencia y los sentimientos ya no son compatibles…¿?) y un poeta mapuche investido con el título de hombre pájaro; “qué combinación!!, pensé; qué extravagancia desayunaré este día!!”…y como siempre, mis primeras impresiones fueron cambiando progresivamente hasta encontrarme con un final rico en imágenes que ampliaron mi redondo y exiguo mundo.
Precisamente estos señores hablaban de pájaros y no sólo eso, sino que su vida estaba influenciada por estas aves y en general por la naturaleza.
Bueno, en todas sus reflexiones a cerca de lo que nos “decían” nuestros hermanos alados en su canto, esto acompañado de imitaciones del sonido realizadas por el poeta que causaron en mi gran dolor abdominal tanto reírme a carcajadas, me hicieron pensar que lo extraño, raro o loco, hasta estúpido que pueden parecer algunos (me sucedió con el hombre alado), por su forma de pensar, expresarse a veces poco sagaz o de aparente debilidad, pero de una inocencia envidiable en relación a los tiempos en que vivimos (aceleraciones varias con insultos incorporados, carreras por el poder, etc., etc.), sean expresiones de una “lucha pacífica”, signos silenciosos, pero potentes de que, junto con este agitado e instantáneo mundo, tenemos la necesidad apremiante de volver a las raíces, de pertenecer a la tierra (con olor a humedad y pasto verde) y sentirnos parte de ella; donde las diferencias no sean sinónimo de exclusión, sino de unión, empatía y respeto, donde la vida sea como un regalo para seguir existiendo.
No sé si mi tele estaba mal sintonizada produciendo interferencias en mi cerebro (los efectos de ésta pueden ser nocivos) o sólo sea una extraña más entre mis pares, de esos que creemos aún en la paz y el amor, en la bondad, en la amabilidad…en la belleza de ser uno mismo.
Margarita.
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Estás segura que no tomaste algún remedio por error ese día, jejeje
Es broma, a mi me sorprendió una señora que se ha llevado toda su vida tratando de captar señales de radio enviadas por extraterrestres, en un programa llamado seti. Igual importante, pero poco imaginable como un trabajo.
Saludos